Cómo un tacos francés acabó en Ciudad Real.
No es una receta robada. Tampoco una fusión forzada. Es lo que pasa cuando una idea simple — meter dentro del wrap todo lo que ya estaba en el plato — viaja 1.500 kilómetros y se instala en una calle manchega.
« En Lyon, en 2007, un puñado de cocineros decidieron que un wrap no tenía por qué ser un sándwich aburrido. Le metieron carne, patatas, queso fundido, salsas. Cerraron el papel y lo pasaron por la plancha. »
No es mexicano. No es francés. Es nuestro.
El "tacos francés" — siempre en plural, incluso si pides uno — nació en los suburbios industriales de Lyon a mediados de los 2000. Inmigrantes magrebíes, ingenieros del fast food, panaderos curiosos. Una receta sin pedigrí, hecha para llenar barriga después de un turno de fábrica.
En España apenas existe fuera de las grandes capitales. En Ciudad Real, era cuestión de tiempo: aquí no se le tiene miedo al picante ni al queso fundido.
Cómo se hace uno bien.
Plancha caliente al máximo. Tortilla blanda, no de maíz. Carne caliente, no fría. Patatas crujientes, no flácidas. Salsa generosa, no escondida. Queso fundido — no espolvoreado — para que actúe de pegamento.
Los cuatro pasos son matemáticos. Saltarse uno arruina el resultado. Por eso en CLM cada tacos se hace al momento, no se prepara con antelación.
La Mancha entra en la ecuación.
Queso manchego curado. Chorizo de la zona. Aceite de oliva virgen extra. Pimientos rojos asados. Ingredientes que nunca estuvieron en la receta original, pero que ahora forman parte de la carta sin pedir permiso.
El "Cabra & Miel" no existe en Lyon. El "Spicy" tampoco. Son adaptaciones manchegas, hechas con producto de proximidad.
¿Por qué Ciudad Real?
Porque aquí la noche es larga, los precios son honestos y la gente no necesita que le expliques qué llevas dentro de la plancha. Le das de comer bien y vuelve. Le das una excusa para presumirlo en Instagram y vuelve con sus amigos.
Calle Ciruela, 28. No hay segunda planta. No hay terraza. Hay una barra, una plancha, y una carta corta hecha bien.
« Si te gusta, vuelve. Si no, ya nos veremos por la calle. »